anne imhof - faust - le bastart

Anne Imhof, muerte viviente en Venecia

Rabia, Angustia, Trato… y ahora Fausto: los títulos de los performances de Anne Imhof hacen converger sentimientos asociados a la ansiedad e inconformismo juvenil con el componente transaccional propio de todo contrato social o pacto ilícito.

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Anne Imhof. Faust 2017. German Pavilion, Venice Biennale
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Faust 2017. German Pavilion

Imhof ha transformado el pabellón alemán de la Bienal de Venecia en engañosas jaulas de cristal, ante las que es difícil saber si los que están cautivos son los performers o los espectadores. La transparencia actúa en el sentido inverso a como lo hacía la niebla en Angst II (2016): el humo que empañaba el espacio de la antigua estación de tren (Hamburger Bahnhof) resguardaba la clandestinidad de coreografías cifradas, garantizaba la libertad de culto de una especie de rito mistérico practicado por adolescentes empoderados.

En Faust el entendimiento tácito entre los miembros del pequeño grupo (reconocemos a los mismos actores, bailarines y amigos de la artista que en piezas anteriores) sigue manteniéndose, como lazo invisible que los une al tiempo que preserva el retiro ensimismado de cada uno. Pero en esta ocasión intuimos que el precio a pagar por ganarse ese limbo (el trato mefistofélico que refiere el título) ha sido más elevado. El atrezzo es minimalista y con tufo quirúrgico (sumidero, tubos, hierro y cristal…), a lo que se suma un léxico corporal en el que domina la anomia, la apatía, el sopor…, todo aquello que sigue a la euforia, a la sobredosis, a haber creído en algún tipo de arrebato eterno.

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Faust. Photo by Nadine Fraczkowski
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Faust 2017. German Pavilion

En las propuestas de Imhof los actuantes improvisan a partir de un guión base, y esa ambigüedad entre la obediencia y la transgresión de ciertas normas se deja notar de algún modo. La complicidad entre ellos se expresa mediante el tacto, el derrame de fluidos (suero de mantequilla en Deal, agua en Faust…), el rasurarse partes del cuerpo uno al otro (Angst), pasarse el humo del cigarrillo… Son acciones sexualmente connotadas, pero lo binario tiende a diluirse para conformar un grupo andrógino. Emana de esas escenificaciones una sensualidad posgénero y onanista.

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Faust 2017. German Pavilion

La comunicación solo es verbal cuando Anne les envía instrucciones por whatsapp en plena actuación (Angst). Pues la tecnología es invisible y ubicua, se transforma en éter, todo lo impregna condicionando por completo los comportamientos. A través del cristal ven y son vistos, hay algo de exhibición zoológica en ese mostrarse, pero son animales esquivos, inapresables a pesar de las cercas. Tan pronto como se arrastran por el subsuelo (bajo el zócalo transparente) se encaraman a lo más alto sobre frágiles pedestales cercanos al cielo raso. Intimidan tanto o más que los doberman que los protegen, quizás de sí mismos.

Así, en el pabellón alemán de este año vuelven al ring dos pesos pesados de la cultura germánica, el mito de Fausto y el concepto wagneriano de obra de arte total, que Imhof sabe traer a su terreno porque casan sin ruptura con sus búsquedas anteriores, siempre interesada en explorar la eterna insatisfacción humana sirviéndose de la amalgama de múltiples lenguajes (música, performance, pintura, instalación).

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Faust 2017. German Pavilion

La belleza contenida en los movimientos ralentizados, en el silencio solo roto por unos cantos que  los labios sincronizados de los actuantes acompañan sin voz, cuyo sentido litúrgico se contagia por el espacio y los objetos, el fuego, el agua, el jabón, la guitarra eléctrica…, decíamos, la fuerza plástica rescatada de esos momentos nos lleva a entender que la artista se defina básicamente como pintora. Pues todo parte de la composición intuitiva de encuadres fotogénicos a modo de flashes mentales, imágenes que a diferencia de la pintura sobre lienzo se hacen en colaboración e incluyen el espacio y el tiempo. Pieza de 5 horas para escenario de 7 meses.

Anna Adell

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Faust. Photo by Nadine Fraczkowski

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Anne Imhof, Faust,
Premiada con León de Oro, mejor pabellón nacional,
Pabellón Alemán, Bienal de Venecia 2017
Comisaria: Susanne Pfeffer

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