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Paco Chanivet, metáforas tecno-existenciales y de los límites del pensar

Distopía, conspiración, ciberpunk y aceleracionismo serían algunos de los hashtags que nos pondrían sobre la pista de la obra de Paco Chanivet, eso sí, siempre adobado con un humor que si bien no deshiela los glaciares del porvenir suaviza sus aristas.

Su futurible se despliega en fábulas poshumanas donde, por ejemplo, los algoritmos suplen las normas morales y enderezan las conductas (La Veda), o bien, sectas neo-creacionistas se alían con corporaciones científicas para propiciar la llegada del nuevo mesías (Alternativa X).

En su última incursión en un espacio-tiempo paralelo, a la que dio nombre de Interregno (Espai 13 Fundación Miró, Bcn), en un ciclo comisariado por Pilar Cruz, las coordenadas cognitivas del visitante quedaban en suspenso. Ya el título nos situaba entre dos niveles de realidad, en un no-lugar de la conciencia.

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Interregno. 2019. Espai 13, Fundació Miró, Barcelona © Arnau Oriol

Sobre un suelo cubierto de tierra de derrumbe (El desierto de lo real) se erigía una especie de autómata (Fuerza mecánica a ciegas) cuyas formas orgánicas y mecánicas orbitaban sobre sí mismas. Una densa nube (Nube del no saber) quedaba apresada tras un cristal, siendo éste un escudo protector de nuestra ignorancia.

El imaginario de “Interregno” abreva del género del “horror cósmico” (cuyo puntal fue Lovecraft) y de corrientes filosóficas que traen al presente del capitalismo tentacular aquel oscuro legado literario: caos, nihilismo, indiferencia cósmica e insignificancia de la raza humana. Sus autores, como Thomas Ligotti o Eugene Thacker, abren una brecha en los confines del pensamiento.

  • Dicho lo cual, en cierto modo, Paco, con esta “experiencia atmosférica” (así lo llamaste), te proponías dar cuerpo a lo impensable, a lo que la mente no alcanza a concebir. ¿Sería pues Interregno una transcripción metafórica de la realidad sin los frágiles filtros de la razón?

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    Interregno. 2019. Espai 13, Fundació Miró, Barcelona © Mathius de Felipe

La premisa a la hora de abordar la exposición siempre fue provocar un fenómeno sobrenatural. Como bien apuntas en la introducción, Interregno bebe de una plétora de referencias literarias cuyo tema central siempre ha sido enfrentarse al límite absoluto de nuestra capacidad de entender el mundo, experiencias que casi siempre sobrepasan la razón de quien las vive. Mi objetivo fue que el visitante se convirtiera en víctima de esos excesos. Mis nada modestas intenciones se vieron truncadas en numerosas ocasiones frente al reto de construir una experiencia de estas características. El desafío estuvo centrado en cómo darle un cuerpo a algo que por definición no puede tenerlo, tratando además de evitar lugares comunes en la representación de lo siniestro al tiempo que articular un discurso coherente y justo con mis referencias filosóficas. La cura de humildad frente a este anhelo resultó ser un hermoso fracaso, lo exorbitante es algo que sobrepasa nuestra capacidad de representación y al conseguir darle forma desactivé cualquier posibilidad de que el fenómeno tuviera lugar. Llegar hasta las últimas consecuencias de lo que me proponía hubiese significado un trastorno mental severo tanto para mi como para cualquier implicado en la exposición (aunque no faltó mucho). Por suerte, lo que acabó sucediendo en el Espai 13 fue más un embrujo orquestado a través de combinaciones estéticas inquietantes donde el público se convirtió en sujeto de terrores objetivos en lugar de ser dueños de ellos. En palabras de Frederic Jameson, tuvo lugar una “expropiación homeopática”: un descenso a un caos que no nos vuelve locos, pero nos prepara para sobrevivir a la amenaza de la locura contenida en ella.

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Interregno. 2019. Espai 13, Fundació Miró
  • ¿Podríamos también interpretarlo como augurio de un futuro próximo sin nosotros, o con lo humano transmutado en resorte biomecánico y con los escombros de la civilización reducido a polvo de derrumbe? Parece un yermo pero flores mutantes empiezan a brotar. Ya el título nos da la idea de tránsito y cambio más que de final apocalíptico.

La experiencia invita a cualquier tipo de interpretación, hay quien piensa que es una mirada nostálgica o melancólica a un estado primigenio, pero tal y como yo lo concibo Interregno no trata tanto de un futuro o un pasado como de un no-tiempo: un lugar de suspensión de (casi) todas las leyes naturales donde lo humano queda despedazado frente al límite de su propio pensamiento.

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Interregno. 2019. Espai 13, Fundació Miró

Dicho esto, hay un componente temporal en la exposición. El mecanismo de “Fuerza mecánica a ciegas” gira en el sentido de las agujas del reloj en relación a esa magnitud física, mientras que las “glorias amorfas” que lo coronan lo hacen en dirección contraria como metáfora de las contradicciones que nos ocupan como especie. Si tuviera que posicionarlo dentro de una concepción lineal diría que es un presente continuo, en referencia al continuo horror de la existencia en su sentido más Ligottiano, como diría Metzinger “un ser humano no es una “persona” sino un “automodelo fenoménico” de funcionamiento maquinal que simula ser una persona”, un ser grotesco y distanciado del orden natural cuya capacidad de individuarse lo convierte en una marioneta abocada al sufrimiento. Toda nuestra cultura niega ese dolor y crea situaciones para evadirnos de esa verdad. Lo humano y sus artefactos son, como diría Mark Fisher, “recombinaciones de los productos de la naturaleza en formas nuevas y horribles” y entre ellas está el concepto del tiempo.

  • Se aprecia una continuidad de conceptos con el proyecto que hiciste en La Capella, “SSSSilex” (Bcn Producció 2018), un jardín donde prehistoria y poscibernética colisionan. La era del silicio involucionaba hasta la edad de piedra, de modo que los minerales con los que nuestros ancestros aprendieron a fabricar armas y herramientas (sílex), objetos mágicos y espejos (obsidiana) eran puestos en relación con los espejos-pantallas digitales. El grupo de obras, inquietantes en sus formas arcaicas, amorfas y tecnológicas, entre palos de selfie y brazos simiescos, ¿plantean también un estado liminar, un limbo entre lo que no pudo ser y algo que está por verse?
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Interregno. 2019. Espai 13, Fundació Miró, Barcelona. Foto © Arnau Oriol

Mi forma de afrontar el espacio expositivo es siempre como una oportunidad para provocar un estado intermedio donde dos o más realidades colisionan. Mi práctica transcurre en esa brecha, la que se abre cuando enfrentas ideas, materiales y objetos de distinta índole, dando como resultado nuevas posibilidades irreconciliables con su estado anterior, una máquina de montaje que genera yuxtaposiciones extrañas con el fin de provocar la sensación de algo erróneo, algo tan extraño que te haga sentir que no debería existir o al menos no existir aquí. Volviendo a parafrasear a Fisher, “lo raro no es erróneo, nuestras concepciones deben de ser inadecuadas”. De esta manera, mis quimeras tan solo buscan resistirse a cualquier clasificación y ensayar un sistema polimórfico propio, alienar (más si cabe) a la persona que lo asiste y liberarla de sus prejuicios cotidianos.

Entiendo esto tanto como origen como resultado de los tres vectores desde donde pivota mi praxis: la ficción rara y su hibridación de géneros, el sincretismo religioso donde se armonizan creencias opuestas y la posibilidad inmanente de las transformaciones científico-tecnológicas.

En cuanto a SSSSSSSilex, fue un paisaje abonado con ciberrealismo, arqueología y mitología pero sobre todo fue fruto de una fascinación crítica hacia los avances tecnológicos, o lo que es lo mismo, de unas enormes contradicciones respecto a mis propios usos y abusos con la tecnología móvil. Esa fricción es una fuente de recursos e ideas inagotables.

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SSSSSilex. La Capella, Barcelona Producció 2018
  • ¿Podría leerse asimismo como un guiño al aceleracionismo y su anhelo de precipitar la agonía del capitalismo para que sobrevenga algo nuevo?

SSSSSSSilex ponía en relación el incremento de la velocidad a la están transcurriendo los eventos presentes y un estado de aislamiento emocional al que nos empujan las tecnologías de autorepresentación. El sustrato de ese jardín tecnoexistencial estaba compuesto por las efusiones psíquicas que proyectan los mundos virtuales y la materia telúrica sobre la que se construyen. Pero sobre todo fue una reflexión sobre el narcisismo endémico del humano posmoderno, y más concretamente sobre lo que la filósofa Alejandra L. Gabrielidis llama “el gesto narcisista, la tendencia a intentar verse, a buscar nuestra imagen y que tiene su origen en una herida existencial que nos es común a todos: la imposibilidad de la autoscopia”. Creo que esta incapacidad generada por la “excrecencia accidental” que es la consciencia es el principal nexo de unión entre ambas exposiciones.

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SSSSSSilex. La Capella, Barcelona Producció 2018

En relación a la agonía del sistema, en aquel momento fui seducido por las teorías y postulados aceleracionistas (tanto los de izquierda como los de derecha), de hecho lo siguen haciendo pero siendo totalmente honesto, mi aproximación es más estética que filosófica. He leído obsesivamente a Land y su CCRU pero siento que se trata de un pensador obtuso, críptico y que en muchas ocasiones escapa a mis conocimientos, cuando trabajo con referencias filosóficas intento entenderlas de verdad y no usarlas de una manera epidérmica. Mi acercamiento a esta corriente no es tanto una posición ideológica en busca de un mundo mejorado como un cínico apego a lo escatológico y a la necesidad de asistir al fin de nuestra especie. A día de hoy me interesa más el escatón propuesto por la Danza de los espíritus de los místicos nativos de Norte América (que intentaba acelerar el fin del mundo por medio de danzas circulares que ejecutaban desde tiempos prehistóricos, y en la cual los participantes creían que sus parientes muertos regresarían y la gente de raza blanca perecería) que las pajas utópicas/apocalípticas de cualquier tecnoflipado/a.

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SSSSSSilex. La Capella, Barcelona Producció 2018

Para asistir a algo nuevo creo que sería necesario una transformación más profunda que el fin del capitalismo. El sistema que hemos creado es un escándalo metafísico que parece haberse emancipado y esta es una visión muy sexy pero al mismo tiempo sospecho que es una forma de “escurrir el bulto”. Sin embargo, sigo creyendo que el problema es inherente a nuestra existencia.

  • Frente al Smile y el Selfy, frente a la ortodoxia de la positividad y la transparencia de nuestros datos, tu obra opta por la oscuridad, lo brumoso y la negación heterodoxa. Incluso te adjudicas el síndrome de clotard (delirio nihilista) en tu cáustico statement. Aunque, ¿tu nihilismo no sería un medio más que un fin, un método para no dejar de especular y reinventar?

Mi discurso transcurre en un hiperespacio filosófico, de otra manera no podría vivir ni hacer lo que hago. El nihilismo vuelve obsoletos nuestros deseos y creencias, de modo que hay que blandirlo con sutileza porque su indiferencia hacia el orden de la vida y la muerte lo convierte en un way of life bastante peligroso, no solo para ti sino también para las personas que te rodean. Más que un medio para especular y reinventar, la filosofía nihilista me incita a una descreencia total de mi persona como concepto, la práctica artística es muy perversa y tiende a insuflar tu ego hasta convertirlo en un monstruo lovecraftiano, el nihilismo es un buen remedio frente a cualquier tipo de identificación a ese respecto.

 

Entrevistado por Anna Adell

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