francesc torres - sofia - le bastart

Francesc Torres, de naufragios y rescates

A Francesc Torres siempre le ha interesado analizar la historia no desde sus gestas sino desde sus desechos y desatinos. Quizás por ello encontró en la Costa da Morte gallega, testigo de tantísimos naufragios, el modo de expresar con bellas metáforas su fascinación por el limo depositado entre los embates del tiempo, entre las corrientes de resaca marina.

francesc torres - matrix - le bastart
Construction of the Matrix (1976)

El título de su exposición en el CGAC (comisariada por Rocío Figueroa Guisande) lo resume: Crebas, así llamados en Galicia los restos de cualquier tipo dejados en la orilla por la marea. Hubo un tiempo en que fue casi un oficio recorrer la playa en busca de madera de naufragios e infrecuentes botines.

En las fotografías que conforman Sofía y el abismo (2005-2019) vemos a Francesc Torres lanzando al mar varios tomos de filosofía. Desde este Finis terrae, la naturaleza anega la historia del pensamiento, la sal corroe la tinta, pero después lo regurgita de nuevo, como creba, dándole una textura de fósil cultural cuando los tomos recuperados son exhibidos en una vitrina de la exposición.

francesc torres - crebas - le bastart
Vista de la exposición “Crebas”, CGAC

Rastreador de rastros, Francesc pasea por la playa y observa las marcas dejadas por los bivalvos. Con ellas configura una escritura que alude a un texto del crítico Jack Burnham acerca de la desmaterialización del arte, del desplazamiento creativo desde el objeto al concepto y de éste a la relación dinámica con el entorno (Art Degree Zero 2005-19). Como los bivalvos ocultos pero visibles por sus huellas, el rastro que dejaría este influyente teórico en el arte conceptual americano de los años sesenta y setenta, Torres incluido, sería sutil pero indeleble.

La mirada arqueológica se desplaza hacia la ruina industrial en Tipo I: en la escala de Kardashov (2019): los restos de la factoría ballenera de Caneliñas y las abandonadas minas de wolframio (explotadas por los nazis con mano de obra de presos políticos del régimen franquista) se combinan en un montaje fotográfico que nos habla, sin palabras, de extractivismo y extinción. En plena era espacial, el astrofísico Nikolái Kardashov especuló acerca de civilizaciones futuras o extraterrestres capaces de aprovechar la energía interplanetaria y galáctica. Corresponderían a los tipos II y III de desarrollo tecnológico. Consideraba con optimismo que nuestra civilización algún día sabría usar debidamente, al menos, la energía de su propio planeta, alcanzando el tipo I en la escala evolutiva.

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Feminicidios (por arte interpuesto) 2018
francesc torres - mnac - le bastart
Feminicidios (por arte interpuesto) 2018

Como los libros rescatados del naufragio, también los Feminicidios (por arte interpuesto) son obras recuperadas después de una tormenta: en este caso, se trató de la furia iconoclasta de unos curas franquistas ofendidos por la desnudez de unas señoras pintadas al óleo. El suceso ocurrió en las salas del MNAC de Barcelona, en los años 50. Algunas de las telas rajadas fueron restauradas, otras permanecían aún guardadas en los almacenes del museo nacional catalán cuando Torres quiso darles visibilidad en su exposición La caja entrópica (2018), un diálogo artístico-curatorial con el fondo museístico.

Estas telas agredidas pueden verse ahora en el CGAC, junto a unas fotografías de dos acciones que les sirven de contrapunto: por una parte, Lucio Fontana ante una de sus telas rajadas con fines estéticos y conceptuales; por otra, el resultado de la agresión de la sufragista Mary Richardson contra la Venus del Espejo de Velázquez. Motivaciones antagónicas se revelan tras un mismo gesto.

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Blanco sobre blanco/rojo sobre rojo 2008 (detalle)

El gesto vandálico se adhiere a la obra, enriqueciéndola con cicatrices, palimpsestos, avatares del tiempo. Ello siempre interesó a Francesc Torres, crebeiro nato, como también es constante su uso del contrapunto para cotejar realidades irreconciliables pero oscuramente emparentadas: véase, por ejemplo, en la videoinstalación Blanco sobre blanco/ rojo sobre rojo (2008), el fundamentalismo religioso (islámico y cristiano) se yuxtapone a la mística del cubo blanco con su arte abstracto como santa reliquia atemporal. Imágenes del interior del Whitney Museum de Nueva York, de procesiones de la Semana Santa andaluza y de flagelaciones rituales durante la Ashura chiita muestran mundos crípticos, encerrados cada uno en sus drásticas e intransferibles “verdades”.

Algo parecido sucede en Construction of the Matrix, la obra más antigua de la exposición, con la que Francesc participó en la Bienal de Venecia de 1976. Marxismo y cristianismo, cuando se degradan en soflamas instrumentales, comparten similar esqueleto ideológico y destructivo. La instalación consiste en la imagen proyectada de un cuerpo en posición fetal sobre un montículo de tierra y casquillos de bala. A cada lado, una lámpara de sobremesa ilumina, respectivamente, dos libros: el Manifiesto Comunista y la Biblia.

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La historia del siglo XX en colores 2019

Amante del reciclaje material y del reseteo mental, Torres recicla incluso su propia obra, depurándola. Lo vemos en La historia del siglo XX en colores, cuyo material fotográfico procede de la proyección audiovisual incluida en Paths of glory (instalación de 1985). Esta nueva serie deriva del trasvase de película de 16 mm a vídeo y de fotograma a fotografía intervenida, con sus procesos de reencuadre, ampliación y coloreado, de lo que resultan imágenes descontextualizadas y de textura fantasmagórica. Con ello, el artista parece subrayar cómo el acervo icónico con el que se pretende sellar la Historia es sutilmente grabado en la película de nuestro subconsciente compartido. Al mismo tiempo, con estos laboriosos procedimientos desactiva metafóricamente esa carga psíquica.

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La campana hermética 2018

Francesc ha dedicado parte de su vida a hurgar en la trastienda de la historia, en polvorientos trasteros de la memoria y del arte. Hace un par de años él mismo llevó a su conclusión lógica ese afán suyo, dando visibilidad a su propio almacén biográfico, a la cultura material que había ido acumulando año tras año, desde la infancia. Lo expuso en el MACBA con el nombre de La campana hermética (2018), y ahora se incluye en Crebas, quedando perfectamente integrado en la idea que vertebra la exposición.

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La campana hermética (detalle)

Deambular entre los expositores de este mercado de pulgas autobiográfico nos obliga a adoptar el talante intuitivo de un arqueólogo ante el hallazgo de piezas sueltas con las que reconstruir un pasado, un contexto, una visión. Así, por ejemplo, descubrimos que para un niño de la posguerra, el amarillo de los taxis barceloneses era la única nota de color que rompía la gama de grises dominante. De ahí que veamos un fragmento de un taxi de juguete expuesto a modo de reliquia, y de ahí también la pasión de Francesc por los automóviles americanos, con sus estilizadas siluetas y brillantes carrocerías, que de niño veía en revistas filtradas de contrabando por su padre. Los conflictos bélicos y la memorabilia a ellos asociada, desde zippos de la guerra de Vietnam a mecheros-souvenirs de las Torres Gemelas, desde ambulancias y carros de combate a soldados de plomos, nos llevan del universo lúdico a la arqueología militar, encontrándonos dentro del recorrido con una buena colección de restos de la batalla del Ebro, incluidas latas de conserva.

Parte de este arsenal lo conforman objetos que el artista encontró enterrados en la arena, tras ser engullidos y expulsados por el mar. Francesc extiende la idea de fósil de la naturaleza hacia la cultura, y como paleontólogo anárquico nos muestra los sedimentos de nuestra extraña y macabra civilización.

Anna Adell

 

francesc torres - rosa luxemburgo - le bastart

 

 

 

Francesc Torres, Crebas
CGAC, Centro Gallego de Arte Contemporáneo
Comisariado de Rocío Figueroa Guisande

 

 

 

 

 

 

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