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Negro sobre Blanco. El devenir negro del mundo

El siglo de las Luces brilló sobre un fondo oscuro, que era el reverso de sus ideales ilustrados. Mientras se blandían proclamas de libertad, igualdad y fraternidad en la metrópolis, el sonido de cadenas y azotes reverberaba en las colonias. Incluso el bueno de Rousseau, el más radical de los ilustrados, se dio el gusto de oponerse a la esclavitud por atentar a los derechos fundamentales del ser humano omitiendo de su discurso toda mención a lo que ocurría en las colonias francesas.

code noir - le bastartPara el filósofo del Contrato Social, derecho y esclavitud son términos opuestos (si existe uno no puede existir el otro), pero de una economía basada en la suspensión del derecho en África y en las conquistas de ultramar, Rousseau no habló en ningún momento. En su ensayo Le Code Noir ou le calvaire de Canaan (1987), Louis Sala-Molins deconstruyó la hipocresía ilustrada cotejando el Código Negro aplicado en las colonias (la justificación de un estado de excepción terrorífico) junto al derecho “natural” del que hablaban los intelectuales supuestamente progresistas.

El falso humanismo suma y sigue. Hoy, bajo la égida de lo políticamente correcto, las “buenas intenciones” caen en el más flagrante ridículo. Por ejemplo, en los museos se “corrigen” los títulos de cuadros donde aparecen africanos, cambiando la palabra “negro” por “persona de color”. Ello no evita, por supuesto, que en las calles la policía siga matando afrodescendientes (sólo ocasionalmente hay alguien para grabarlo y difundirlo).mbembe - razon negra - le bastart

Entre la época colonial y la poscolonial el negro fue recuperando su voz, con lo que la historia oficial eurocéntrica se mostró como lo que era, un mito mal contado. Ya no se puede negar que la era capitalista emerge de la barbarie colonial, de la trata de esclavos, de la invención de la raza (del ser infrahumano nacido para servir). Sin embargo, los fantasmas nunca mueren, la sombra del delirio es alargada. El racismo se ha hecho libidinal y las pulsiones reprimidas afloran cuando la sociedad y la legitimidad de sus valores se sienten amenazados, explica Achille Mbembe.

La Crítica de la razón negra (2013) de este historiador camerunés tunea el título kantiano (Crítica de la razón pura) para releer la metafísica del filósofo alemán desde la contraparte de su idealismo trascendental. En la Ilustración, se forja el armazón científico sobre la idea de progreso frente a la de atraso, la de hombre racional frente al salvaje. El delirio de la razón azotaba el mundo.

En El color de la razón (2008), el nigeriano Emmanuel Chukwudi Eze desmonta la antropología de Kant, quien sin haber salido de su Königsberg natal se permitía estratificar las etnias del mundo. Tildaba de irracionales a los pueblos que, según él, a causa del clima cálido y otros aspectos evolutivos, su “raza” había degenerado respecto de un tronco común compartido con la raza blanca, la cual, nos dice, se había ido perfeccionando en el terreno moral y físico.

En cuanto a la filosofía hegeliana, quedó también algo descoyuntada al pasar por el pulso combativo del martiniqueño Frantz Fanon. En “Hegel y el negro” (último capítulo de Piel negra, máscaras blancas 1952), Fanon acomodó la dialéctica del amo y el esclavo a su comprensión de las relaciones entre el blanco y el negro antillano. Allí donde Hegel hablaba, desde un plano abstracto, de una lucha violenta por el deseo de reconocimiento del otro, Fanon opuso la realidad de un sometimiento basado en la negación del otro. Los negros habían ingresado en una “zona del no ser” de la que sólo se redimirían con el levantamiento contra aquellos que colonizaron no sólo sus cuerpos y sus tierras, también sus mentes. Psiquiatra y revolucionario, sus libros analizaban los complejos de inferioridad infligidos por las políticas imperiales al tiempo que incitaba a la acción, a despertar de la apatía.frantz fanon - piel negra - le bastart

Mbembe recoge todo este legado y también insta a actuar, no sólo a los pueblos colonizados sino a todas las personas que no estemos de acuerdo con lo que llama el “devenir-negro del mundo”. La lógica racial, la consideración del ser humano como cosa o mercancía, se ha generalizado. El neoliberalismo convierte en superflua a gran parte de la población. El apartheid se ha globalizado con la militarización, la proliferación de fronteras y la necropolítica a gran escala.

El asesinato de George Floyd ha colmado el vaso de la rabia. Ha levantado por todo el mundo protestas que trascienden este acto criminal en particular. Floyd es un icono sobre el que se proyectan las víctimas diarias de un racismo que se ha hecho capilar, tan difícil de extirpar como el embrutecimiento de las relaciones humanas que sustenta el capitalismo neo-liberal. Pero el capitalismo pasó por varias fases, la primera fue la esclavista, cuando se inició el mito del ser infrahumano de piel oscura, un mito que sigue larvado en las conciencias blancas y sigue dando potestad para matar sin remordimientos.

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Adrian Piper. “The mythic being” 1975, dibujo sobre foto

Artistas como Adrian Piper y Kara Walker han sacado a la superficie la mezcla de odio, miedo y deseo inconfeso encarnados en el afrodescendiente. Piper, en los años 70, se paseaba por Manhattan disfrazada de Ser Mítico (con bigotes y peluca afro) para catalizar ese conflicto con el inconsciente blanco. En cuanto a Walker, descubrió en el recorte y silueteado de figuras negras el modo de proyectar en ellas el fondo oscuro de la historia colonial. Su teatro de sombras ha escenificado la bestialidad de los blancos en la época de las plantaciones y de la guerra civil americana.

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Kara Walker. Fons Americanus (detail), Turbine Hall, Tate Modern 2019

Uno de sus trabajos recientes es un anti-monumento (Fons Americanus, Tate Modern, 2019) hecho de material reciclable: inspirándose en el Victoria Memorial de Londres, despoja a éste de sus galas imperialistas. El agua de la fuente recoge la memoria de la trata transatlántica (incluso aparece representado uno de los fuertes africanos desde el que salían cargamentos de esclavos), pero también atestigua las muertes contemporáneas en el mar. La reina Victoria, coco en mano, no puede parar de reír. En cambio, el gobernador de las Indias se arrodilla implorando perdón. Otra figura, quizás inspirada en el haitiano Toussaint, encarna la resistencia y la lucha por la liberación. Una soga pende de un árbol sureño.

Muchas estatuas coloniales aún señorean en las ciudades europeas. Esperemos que la iconoclasia atizada en estos días de movilizaciones anti-racistas acabe con todas ellas. Ya no es factible convertir la historia imperialista en piedra. Hay que demolerla o echarla al río, como hicieron los manifestantes ayer en Bristol con la estatua de un tratante de esclavos. ¡Que no cese la rabia! Debereríamos aprovechar la posibilidad de cambio, perceptivo y real, que nos brinda este momento de replanteamiento de todo.

Anna Adell

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