clovis trouille - carmel- le bastart

Clovis Trouille, el Pigmalión de feria

Al condenar el erotismo, el cristianismo propició que el imaginario lúbrico se concentrara en el infierno, convirtiéndose éste en el cielo de los pecadores, en el paraíso de la lujuria. Artistas de todos los tiempos han ido poblando el inframundo de todo tipo de parafilias, aparentemente para reprobarlas pero en la práctica para satisfacer el apetito escoptofílico de sus mecenas.

Dolmancé et ses fantômes de luxure
Dolmancé et ses fantômes de luxure

Pero el anticlericalismo declarado no toma cuerpo en el arte (primero en la literatura) hasta el siglo XVIII, cuando artistas disidentes difunden escritos e ilustraciones eróticas con la intención de ridiculizar a las élites eclesiásticas y monárquicas. La figura de Sade se forja en ese contexto pre-revolucionario, pero lo cierto es que a él poco le interesaban las proclamas igualitarias de sus coetáneos (él mismo pertenecía al estamento aristocrático del antiguo régimen), sino hacer zozobrar los cimientos de la civilización trasladando al plano sexual la barbarie de su época.

Sous le Culte des Sorcières
Sous le Culte des Sorcières

La pintura de Clovis Trouille sigue esta tradición irreverente contra el orden establecido, sirviéndose de la sexualidad como herramienta para denunciar la decadencia de los poderes religiosos y militares. Así, la profanación de iglesias y objetos sagrados mediante actos impúdicos, la profusión de curas lascivos, misioneros necrófilos, monjas voluptuosas, cardenales con ligueros bendiciendo escenas de guerra y muerte, confesiones inconfesables… constituyen buena parte de la producción de este pintor francés cuya vena satírica contra la patria y el honor se forjó tras haber servido a su país en la primera guerra mundial.

Voyeuse
Voyeuse

Otro aspecto de su biografía, más determinante en la formación de su lenguaje plástico, fue haber trabajado durante años en una fábrica que confeccionaba muñecas de ceras al Museo Grevin, así como maniquís para atracciones de ferias y escaparates de tiendas. La parafernalia feriante se manifiesta por doquier: echadoras de cartas, levantadoras de pesos, trapecistas meciéndose sobre palos de escoba sobre las bocas de metro de París, peep shows reservados a “mayores de 50 años”, marineros y militares emborrachándose mientras picantes cabareteras preparan su función… O el propio Trouille como nigromante, bajo cuya varita mágica otorga vida a muñecas de sensualidad vampiresca.

magicien
magicien

Los bajos fondos del París de la belle époque aparecen transmutados por la imaginación bizarra de un artista que si hubiera sido director de cine habría hecho las delicias de los amantes de serie B, en cuanto mezcla de géneros de horror y sexploitation, comedia e inocencia kitsch.

Admirado por el grupo surrealista pero ajeno tanto al espíritu gregario y elitista de las vanguardias artísticas, prefirió mantener su independencia como pintor dominguero (el rato libre que le dejaba su empleo de maquillador de maniquís) haciendo gala de un estilo directo, antiintelectual, de estampa popular picante, adelantándose por décadas al auge del low art.

 Anna Adell

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