Pierre Klossowski: sobre la hospitalidad

Una misma imagen reverberó en infinitas variaciones en textos e ilustraciones de Pierre Klossowski: la de una mujer debatiéndose entre el deseo y el rechazo. No es que el autor cayera en el tópico machista de que toda mujer aspira a ser violada, sino que reflexionaba sobre la necesidad enfermiza de la mente masculina de construir esos arquetipos femeninos para proyectar en ellos sus propios dilemas morales.

Les barres parallèles
Les barres parallèles

En La revocación del Edicto de Nantes se alternan fragmentos de los diarios de Octave y Roberte, mostrándonos las argucias mentales del marido para modelar la subjetividad de su esposa según sus propios parámetros. El pacto matrimonial se rige por curiosas leyes de hospitalidad según las cuales Roberte se ofrece a invitados y visitantes escenificando encuentros previamente elucubrados por su marido.

Ella, lejos de ser un figurante pasivo movido por los hilos de la libido masculina, va descubriéndose a sí misma hasta el punto de sentir la necesidad de deshacerse de Octave y liberarse así de ese redil de representaciones por él perpetradas que la reducen a fémina pudorosa y viciosa a partes iguales.

La roberte des quatre jeudis
La roberte des quatre jeudis

Octave, coleccionista de arte, intercala en su diario descripciones de pinturas en las que cree descubrir esa misma tensión entre vergüenza y placer, concretizada en personajes como Lucrecia, violada por Tarquino en su propia casa.

Klossowski analiza la pantomima que subyace en cada gesto, transforma los actos mundanos en cuadros vivos, en tableaux vivants extraídos de la inercia diaria, al tiempo que lleva la fábula del terreno mítico a la esfera cotidiana.

Denise, su mujer en la vida real, le inspiró el personaje de Roberte en una trilogía literaria donde él asumía el papel de oficiante (espectador e instigador) en un juego de desplazamientos entre realidad y ficción, acto y potencialidad. No es de extrañar que le fascinara el mito de Diana y Acteón, que gira en torno de la mirada del otro: el joven cazador perece a causa de su mirada curiosa, por acceder a lo prohibido, el desnudo de la diosa. Ella lo castiga por profanar su castidad, convirtiéndolo en ciervo para que lo devoren sus propios perros.

Diane et Actéon
Diane et Actéon

En su ensayo El baño de Diana Klossowski hace intervenir un tercer personaje, un demonio intermediario, transformando el mito en simulacro: el demonio usurpa el cuerpo de Diana, despertando en ella el goce de exhibirse, al tiempo que espolea el deseo de Acteón. Es su mirada (su imaginación) la que otorga sus formas a la diosa. El tiempo mítico deviene espacio mental.

El demonio tutelar (el propio Klossowski) goza con ese guiñol, induce a los dioses a prostituirse, congela cada escena para pasearse entre los actuantes, explorando las emociones de los mortales, desenmascarando sus pasiones contradictorias. Sólo la mirada sobrevive, póstuma, al término de la función.

Anna Adell

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