pander & lucas - le bastart

Bajo la piel

En Magnitud imaginaria Stanislaw Lem se propuso compilar prólogos de libros inexistentes, de autores inventados, siguiendo la senda abierta por Borges pero ahorrándose ese borgiano levantar parapetos de erudición cansina.

Wim Delvoye Kiss
Wim Delvoye, Kiss

Uno de esos prólogos estaba dedicado a Strzybisz, un artista que supuestamente causó alto revuelo con sus pornogramas, una serie fotográfica de tema erótico realizada con Rayos X. Algunos críticos las tildaron de divertimentos siniestros, a modo de cópulas de esqueletos saltarines. Pero estas caricaturas, reflexiona el prologuista, son portadoras de una verdad que va más allá del mero mostrar con medios científicos la mecánica de los cuerpos en el ejercicio sexual, redescubriéndonos, como por casualidad, el Totentanz holbeiniano que permanece intacto dentro de nosotros, no afectado por el tumulto de nuestra civilización relumbrante: la comunión de la muerte con la vida.

Wim Delvoye, kiss
Wim Delvoye, kiss

Los grabados de Holbein El Viejo y de sus coetáneos en los que los muertos bailan con personajes de todos los estamentos sociales anunciando su deceso pretendían conjurar el terror a la muerte pero también advertir sobre su poder nivelador, igualador. Como las Vanitas, la Danza macabra era un género artístico que trataba de prevenir de la fugacidad de los placeres mundanos.

Volviendo a la argumentación del prologuista de Necrobias (nombre del catálogo imaginario del artista imaginado), el autor considera naïff a la pornografía comercial en comparación con la trágica comicidad de esos esqueletos a los que el cuerpo impide juntarse: en Strzybisz el sexo es rapaz, terrorífico y ridículo, como en los viejos cuadros de flamencos e italianos esas caídas de los condenados en el abismo.

Cuando la pornografía deja de ser transgresora (porque hoy en día mostrarlo todo no es tabú sino norma) pierde su poder de excitación y se nos muestra tal cual es: infantilismo obtuso.

Pander & Lucas. The Operation.
Pander & Lucas. The Operation.

En cambio, parece decirnos el alter ego de Lem, la muerte seguirá inquietándonos aunque la separemos de la vida, aunque queramos espantarla con risa estentórea. Strzybisz devuelve la vida a la seriedad, olvidada ya por el arte, colofón con el que cierra el autor un texto en el que subyace una crítica sagaz a las patrañas sensacionalistas de las que se proveen los artistas sin discurso.

Aquel artista de nombre eslavo no tardaría en abandonar la dimensión imaginaria para encarnarse en personajes de similar espíritu cáustico que seguirían ironizando sobre la obstinación ingenua de la medicina por radiografiar la verdad fisiológica, de algún modo afín a la sobreexposición porno del cuerpo.

Pander & Lucas. The operation
Pander & Lucas. The operation

Wim Delvoye conjugó ambas disciplinas en una serie de imágenes radiográficas (Kiss) que muestran primeros planos de felaciones (los típicos meat shots del cine porno), besos y acoplamientos sexuales en variedad de posturas captadas por una máquina de rayos X. La sala de hospital reconvertida en stage de cine erótico nos recuerda los experimentos de laboratorio del sexólogo William Masters, que en los años 50 del siglo pasado llegó a inventar una cámara dildo para filmar el acto sexual desde dentro.

Este ginecólogo que echó mano de electrocardiógrafos y todo tipo de cámaras quirúrgicas para tratar de descifrar los secretos del sexo quizás inspirara también el bello film The operation (Jacob Pander y Marne Lucas), grabado con cámaras infrarrojos que revelan la química de la libido circulando bajo la piel, fundiendo cirujana y paciente en abrazos térmicos.

Martin Sampedro. Latente
Martin Sampedro. Latente

Alterando la función de los artilugios médicos, Delvoy, Pander y Lucas subrayan el misterio del deseo, improfanable por mucho que las técnicas más sofisticadas sondeen bajo piel, penetren los órganos, nos desnuden hasta la médula ósea.

martin sampedro - latente - le bastart
Martin Sampedro. Latente

La ciencia (como el porno) iguala a las personas reduciéndolas a cuerpos observables, aspecto que en el caso de la radiografía adquiere un tinte lúgubre, pues no solo nos desprovee de rasgos individuales sino que esos retratos descarnados son un avance de hacia donde vamos, la muerte como último filtro nivelador. Delvoye, al reconducir la danza macabra medieval hacia un limbo orgiástico echando mano de tecnología médica, fosiliza el espécimen humano en su último tango.

Los Latentes de Martin Sampedro están desprovistos de ese tinte trágico porque lo que radiografía no son cuerpos reales sino imaginados, sublimados por el deseo. Sampedro remenda el cordón umbilical entre los albores de la fotografía (la imagen latente como principio de la foto analógica) y las técnicas digitales y holográficas más punteras, sirviéndose del concepto de latencia como sustrato mental. Anatomías esculturales escaneadas por nuestra libido, copulando, practicando el cunnilingus, reflejándose en espejos cóncavos, deformantes, fotografiándose a sí mismos en un mise en abyme en el que memoria y deseo, virtualidad y carnalidad, se encabalgan. Como espectadores proyectamos nuestros impulsos en esos flashes de conciencia no revelada. Podemos elegir entre conservar esa latencia, estatus fantasmático, alucinado y onanista, o romper el hechizo positivando la imagen con nuestro smartphone.

Anna Adell

 

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One thought on “Bajo la piel

  1. Muchas Gracias por este artículo lleno de referencias que nos invitan a conjugar el misterioso verbo sin rigor-mortis, como expresión artística y vital. Encantado de “remendar el cordón umbilical…” nexo unión permanencia… Gracias!!!

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