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De Aretino a Stark, la pornografía al servicio de un arte crítico

En sus orígenes, la pornografía fue un género artístico abanderado por herejes y revolucionarios, disidentes políticos y librepensadores. Durante la Revolución Francesa, la depravación se equiparaba con la corrupción en el imaginario erótico de poetas y dibujantes comprometidos en jaquear el Antiguo Régimen: mostrar a monarcas sodomizados o felando a la servidumbre, revelar la impotencia de unos y la promiscuidad de otros, en definitiva, hacer públicos los entresijos de la alcoba real, contribuyó al desmoronamiento de jerarquías y privilegios.

Pietro Aretino. Sonetti Lussuriosi
Pietro Aretino. Sonetti Lussuriosi

Lo obsceno es aquello que, habiéndose de mantener en privado, se hace público. El renacentista Pietro Aretino, considerado el primer pornógrafo de la Historia, debe su mérito a atreverse a divulgar las perversiones privadas de cleros y aristócratas (eso sí, sin renunciar a favores de pontífices y cortesanos). Sus diálogos satíricos llegaron a las masas, y ahí radica lo escandaloso, en popularizar aquello que estaba reservado a una élite.

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STARK Serie “Los groseros”.

Aretino inauguró varias sendas para el futuro de la pornografía: si por una parte atacaba las perversiones monásticas, por otra reivindicó la naturalidad del sexo y el deseo, socavando el recato humanista de su época. Incluso, tuvo el ingenio de parafrasear poemas de Ovidio tergiversando sus contenidos.

La subversión política echando mano de la estética porno sigue siendo hoy objeto de censura, y lo grave es que el veto no procede tanto de la élite ofendida sino del propio vulgo. Las redes sociales no sólo han democratizado la cultura sino también la censura; paradojas del absurdo humano donde las haya.

La imagen de Aznar haciéndose una paja duró poco en la página de facebook de STARK, artífice de esta y otras pinturas de políticos y escándalos mediáticos reunidos bajo el epígrafe Los groseros.

Con una técnica depurada, que en cierto modo es heredera de la de Gerhard Richter y Luc Tuymans, bebiendo como ellos de fuentes fotográficas (en su caso, fotos de prensa, revistas porno, fotogramas fílmicos…), se desmarca de los predecesores porque rompe con la distancia intelectual que el high art interpone al objeto representado.

STARK
STARK

Combina la literalidad del primer plano con toques diluidos que remiten quizás a las lagunas de la memoria o a los subterfugios del subconsciente colectivo. Pinceladas abstractas y sexo explícito, violaciones, raptos y fraudes políticos, todo se agita en un mismo cóctel de resabio amargo.

Como Aretino y sus paráfrasis de los clásicos en clave picante, Stark también echa mano de la alta cultura con humor irreverente, re-enfocando los tabúes sociales mediante el guiño a esa estética blur (desenfocada) que Richter puso de moda.

Anna Adell

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