krista beinstein - le bastart

Krista Beinstein, la mujer como fetiche de su propio deseo

“Lesbiana” es el único concepto que conozco que está mas allá de las categorías de sexo, pues el sujeto así designado no es mujer ni económicamente ni en lo político o ideológico (…) Somos desertoras de nuestra clase como lo eran los esclavos fugitivos (Monique Wittig, No se nace mujer, 1981)

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Klitoride Extravaganz

Hasta la década de los setenta el feminismo se había circunscrito a un territorio más o menos homogéneo de lucha política por la igualdad de género, pero en los años ochenta irrumpen movimientos, artistas y pensadoras que ponen en cuestión la propia noción de género.

Un camino ya desbrozado por Simone de Beauvoir en su análisis del segundo sexo como mera construcción social, y que culmina con el género en disputa de Judith Butler, para quien la propia base performativa de los géneros (la masculinidad o feminidad es pura puesta en escena) puede ser utilizada de forma subversiva. De ahí que vislumbrara un potencial revolucionario en el histrionismo de las drag queens o en los juegos de rol de las lesbianas, porque desnaturalizaban a través de la parodia las polaridades de género.

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Schwule Ladies

De hecho, el feminismo lésbico tuvo un papel destacado en la deconstrucción de los falsos esencialismos, con Monique Wittig como timonel de un barco sáfico que dejó en puerto todo el lesbianismo anterior, tildado de suave, tibio y victimista. Se propuso romper el contrato heterosexual a través de la escritura, esbozando otras formas de habitar los cuerpos.

En los años ochenta el lesbofeminismo sufrió en sus propias filas encarnizados enfrentamientos. Las mujeres obscenas (Obszöne Frauen, Viena, 1986) de Krista Bernstein reivindicaron su lugar en las librerías feministas, con su galería fotográfica de escenificaciones de poder oficiadas por lesbianas provistas de prótesis fálicas, atuendos de cuero, correas y demás parafernalia BDSM. La mujer cruel de Monika Treut (Seduction: the cruel woman, 1985) atiza la polémica con su versión fílmica de la musa de Sacher-Masoch (Wanda) que acaba siendo más víctima que dominatrix, mortificada por los celos de una relamida Justine (Sade).

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Obskur-Obskur, Theater der Ekstase, 1995

Beinstein y Treut, como sus coetáneas americanas Samois (grupo lésbico pro-sexo que tomó su nombre de la finca de Historia de O), apostaron por disolver los límites mojigatos entre arte y pornografía, oponiendo al sexismo del cine porno convencional una sexualidad difusa y polimorfa extraída de la cantera de sus propias fantasías.

Producciones y performances para consumo propio que buena parte de los movimientos feministas interpretó como una afrenta a sus luchas, como una réplica del yugo heterosexual, a su binarismo de víctima y verdugo, al hacer del cuerpo fetiche.

Las mujeres obscenas integran el principio fálico a la sexualidad femenina, escribía Treut a propósito de las fotografías de Beinstein. Liberan la violencia pasional de toda actitud fascistoide, ritualizando el componente anárquico del ideal andrógino.

Enfant terrible de la fotografía erótica y pionera del feminismo pro-sexo, así califica a Krista Beinstein la nota de prensa de la retrospectiva en el Schwules Museum de Berlín, un repaso exhaustivo a sus últimos treinta años de sabotaje radical a las formas normalizadas de lo femenino desde lo femenino.

Anna Adell

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Exposición Krista Beinstein: bio porno photo grahies

en Schwules Museum, Berlín

hasta el 16 enero 2017

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