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Lee Lozano: empalmes, cortocircuitos y fugas

Lee Lozano fue una artista que no quiso ser una pieza más en el engranaje del arte, que por sus ovarios llegó a elegir qué tipo de comprador eran adecuados para adquirir obra suya; decidió donde, cómo y cuando exponer; fijó el momento de encumbrar su carrera y el plazo para finiquitarla.

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No title. Drawing 1962

Tozuda e irreverente, en 1970 logró mostrar en el museo más prestigioso de Nueva York una serie que había ideado especialmente para este tipo de institución (Wave series). Así imaginó el anuncio de su exposición en la revista Artforum: Lee Lozano en el Whitney Museum, Diez años al servicio del mundo del arte; Foto mía desnuda o follando o haciendo un 69. O foto mía fumando hierba, y debajo una frase arrogante.

Estas anotaciones las hizo en uno de sus Cuadernos privados (con vocación pública), cuya lectura es imprescindible para entender la meteórica carrera de esta artista-torpedo: fórmulas matemáticas y reflexiones sobre física cuántica (cuando preparaba sus pinturas sobre ondas electromagnéticas para el Whitney) conviven con opiniones personales (sobre el sexo, los hombres, el yin y el yang…) y con la redacción de pautas de comportamiento radicales que se autoimponía, que eran obras en sí mismas (Language Pieces, 1969-71). Cuadernos sobre la vida y el arte, inseparables para ella.

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Drawing c.1962

El sexo y las drogas formaban parte de su experiencia artística, por exceso (Grass piece, mayo 1969; Wave, 1970) o por abstinencia (No-grass piece, mayo 1969). Concibió las pinturas de ondas para ser llevadas a cabo durante cincuenta horas sin interrupción, y para garantizar su rendimiento necesitó una buena provisión de marihuana.

Para Masturbation piece (abril 1969) detalla en su cuaderno todo un arsenal de objetos para masturbarse, orgánicos (zanahorias) e inorgánicos (pedal de moto, bombilla…), junto a otros ejercicios sexuales: follar con hombres reales e imaginarios, masturbarse mirándose los genitales en un espejo (observar hinchazón, turgencia, cambio de color… vibración orgásmica).

lee lozano - hucha - le bastartDetrás de estas investigaciones psicosomáticas, incluso las más deliberadamente obscenas, se encuentra de un modo u otro su fascinación por la energía (corporal, sensorial, comunicacional, cósmica…), sobre su aprovechamiento o su desgaste, que se inicia con sus primeros dibujos de fusiones biomaquínicas perversas (tostadora enchufándose a una ranura-vagina; aspiradora masturbatoria de penes…), herramientas de bricolaje como trasuntos falocráticos (llaves inglesas, martillos…, potencia viril caricaturizada al hacerlos flácidos o disfuncionales) acompañados de juegos de palabras que enfatizan el machismo inherente al propio lenguaje (he gave her a good screwing); prosigue con sus pinturas de tornillos, brocas… sobredimensionados, amenazantes… que anuncian su posterior deriva hacia la abstracción científica, la energía cuántica…, telas que a su vez termina perforando buscando la cuarta dimensión y el modo de fugarse ella misma, metafóricamente hablando, a través de esos agujeros cósmicos.

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Para Lozano, la obra de arte ideal es aquella que abandona la materia y transforma la energía en sinergia comunicacional, intercambio dinámico de ideas y sensaciones, enriquecimiento interpersonal. Lo intentó con Dialogue Piece, pero lo paradójico es que paralelamente emprendió el camino del silencio mediante una serie de “huelgas” (boicot a las mujeres y General Strike Piece), prohibiéndose a sí misma hablar con otras mujeres y dejando de acudir a eventos artísticos.

El boicot tenía fecha de inicio y final preestablecidas, porque su intención era algo así como dejar en barbecho sus relaciones con los grupos feministas (que integraban Art Workers Colition) para después cosechar mejores frutos. Pero en la práctica debió constatar que la tierra era yerma, así que no encontró el momento de reemprender el diálogo, y parece que nunca volvió a hablar a sus congéneres femeninos, a excepción de su madre.

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Ream 1963. Blanton Museum of Art. University of Texas, Austin

Y lo mismo ocurrió con el mundo del arte, del que desertó oficialmente en 1972 (Dropout Piece). Fue un exilio consecuente con lo que había ido escribiendo en sus cuadernos: renunciaré al ego del artista, la prueba suprema sin la cual la batalla de un ser humano no podría llegar a ser (septiembre 1971); no puede haber una revolución artística separada de una revolución científica, política, educativa, de una revolución de las drogas, sexual o personal (…) Solo estoy dispuesta a participar en una revolución total que sea al mismo tiempo personal y pública (abril 1969).

Su sentimiento de no-pertenencia (en una época en que los artistas sumaban fuerzas mediante sindicatos y coaliciones) debía verse casi sacrílego en el ambiente reivindicativo en el que estaba inmersa.

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No title 1964. Oil on canvas

Por lo que se deduce de sus apuntes, lo que más temía Lee era hacer de la vida hábito y del hábito arte. En apenas una década fue quemando fases creativas, todas radicales, y cuando percibió el peligro de atascarse, salió del ruedo.

Quizás el I Ching, al que era aficionada, le indicó el momento de saltar. Pero a pesar de participar del esoterismo hippie de sus coetáneos, su espíritu siempre fue precursoramente punk.

Anna Adell

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Photo. Joaquin Cortés/Román Lores. Archivo Fotogr. Reina Sofía

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Lee Lozano, Forzar la máquina
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid
hasta el 25 de septiembre 2017

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