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Cathy Wilkes, capas de realidad

Entre la perfección frívola del maniquí y la ternura del muñeco de trapo cabe todo un mundo de dualidades. Con uno y otro Cathy Wilkes construye escenarios domésticos donde tan o más frágiles son los modelos de feminidad estereotipados como los grupos familiares en papel maché y algodón.

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Untitled, 2013. Image courtesy MoMA PS1. Photo by Pablo Enriquez. Artwork courtesy of the artist and The Modern Institute / Toby Webster Ltd, Glasgow and Xavier Hufkens, Brussels

Por un lado, nos pasea entre bellos maniquíes portando cochecitos que en manos de escaparatistas o publicitarios nos venderían los atributos de una maternidad deseable, pero que en las instalaciones de Wilkes ofrecen en cambio la imagen de mujeres emocionalmente ausentes del “dulce” hogar, como indica el ocultamiento de sus rostros detrás de pinturas o viseras de moto, así como la dejadez que las rodea.

La artista irlandesa ha comentado que estas pinturas adheridas al rostro son para ella espejos invertidos, de lo que deducimos que son espejos ciegos, que lo único que alcanzan a reflejar es la propia conciencia femenina replegada en sí misma.

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elements from i give you all my money, 2007; from Non Verbal, 2005; from Untitled, 2012. Image courtesy MoMA PS1. Photo Pablo Enriquez. Courtesy of the artist and The Modern Institute/Toby Webster Ltd, Glasgow and Xavier Hufkens, Brussels

El frío metal de aparatos electrónicos en desuso (uno de ellos parece empantanado entre los pigmentos de una pintura abstracta) y cuencos sucios esparcidos completan la escenografía desangelada de esta obra, incluida en su individual inaugurada en el MoMA PS1.

Habíamos ya visto a estas mismas madres en instalaciones precedentes, como en Non Verbal, título que probablemente señale el solipsismo que acosa a todos los personajes de Wilkes, la dificultad para comunicar el mundo interior. Pero este título también nos impulsa a escarbar un poco más en las paradojas contemporáneas que suscita la maternidad.

La relación materno-filial es en esencia pre-verbal y allí es donde reside su poder, escribía Julia Kristeva. El cuerpo materno, nos dice, es un ser de pliegue, se sitúa en el umbral entre la naturaleza y la cultura, proporcionándole un lugar privilegiado, dador de vida y de lenguaje.

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elements from Untitled, 2011; Untitled 2014. Image courtesy MoMA PS1. Photo by Pablo Enriquez. Artwork courtesy of the artist and The Modern Institute / Toby Webster Ltd, Glasgow and Xavier Hufkens, Brussels

Wilkes no es tan optimista. Sus figuras femeninas acusan un sentimiento de pérdida, de honda escisión entre el deber y el deseo, al no poder discernir el instinto (¿materno?) de la construcción social del mismo.

Simone de Beauvoir fue de las primeras en desmentir que ese instinto fuera natural, señalando que es puro montaje patriarcal el inculcar en el inconsciente femenino nociones esencialistas sobre sus roles domésticos, entre ellos la maternidad. Beauvoir destronó a la figura de la madre de su altar sagrado, pues esa idealización (de herencia cristiana) como abnegada y sufriente coarta su autonomía y realización personal.

Pero atendiendo a la obra de Wilkes en su conjunto vemos que no se ciñe tanto al conflicto emocional vinculado a la maternidad per se sino en relación al cuidado del otro, al tenso oscilar entre el apego y el desapego. Sea en el tema de la crianza o en la atención postrera del enfermo, lo que le interesa remarcar es al abismo que se abre entre un acto visto desde fuera y la realidad interior que lo motiva.

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Image courtesy MoMA PS1. Photo by Pablo Enriquez. Artwork courtesy of the artist and The Modern Institute / Toby Webster Ltd, Glasgow and Xavier Hufkens, Brussels

La artista ejemplifica esto último con una imagen turbadora que nos dice mucho de sus procesos mentales. Se trata del episodio bíblico en que Lojebeb (la madre de Moisés) puso su hijo en una cesta y lo dejó en el agua confiando en que la corriente del río lo conduciría por azar hasta algún alma caritativa. Wilkes se centra en el gesto de la mano en el momento de empujar la cesta, tratando de abordar la intensidad emocional de ese instante de desapego forzoso.

Los tableau vivant poblados de muñecos que confecciona ella misma en lino o papel maché también exudan un halo decadente pero frente a los gélidos ambientes que compone con las maniquíes estas familias de trapo despiertan ternura y empatía. Un hombre giboso frente una botella de cerveza, niños haciendo un círculo a su alrededor, una mujer haciendo la colada, platos de cerámica desportillada… Una extraña mezcla de sacralidad y podredumbre impregnan las silenciosas escenas.

Otro comentario de la artista que cabe rescatar es su interés en plasmar el instante de la sombra más corta, como Nietzsche llamó al mediodía en tanto metáfora del momento culmen de indistinción entre verdad y apariencia, de luz y de sombra, ni inmanencia ni trascendencia… Todo es puesto en cuestión al mediodía, los dualismos se atomizan, irrumpe la multiplicidad que nos conforma.

Wilkes parece pedirnos que nos situemos bajo el sol del mediodía para entender la distancia insalvable entre realidad interior y representación, entre presente y memoria, entre los vivos y los espectros que pululan por sus instalaciones.

 

Anna Adell

 

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Cathy Wilkes, What We See, What We Feel
exposición individual en MoMA PS1
ganadora del Maria Lassnig Prize 2017
puede visitarse hasta el 11 de marzo 2018

 

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