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Margaret Harrison, humor y valor

Londres bullía de agitación subterránea a finales de los sesenta, y cuando salía a la superficie transformaba la topografía como lava ardiente. La edición de Miss Mundo de 1970 será recordada no tanto por las bellezas galardonadas sino por la lluvia de bombas fétidas y folletos sobre el escenario del Albert Hall, por las pancartas con las que jóvenes feministas enarbolaban su rechazo a ese mercado de ganado. Entre las activistas, había una que llevaba grotescos pechos  de plástico con mondas de naranja a modo de pezones; era Margaret Harrison.

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Good Enough to Eat 1975 Litography

Al año siguiente celebraría su primera exposición individual, que también terminó con intervención policial. El público masculino (indiferente a la crítica subyacente de presentar la mujer como comestible) babeó ante las pin-ups recostadas en lechos de lechuga, entre rebanadas de pan. Pero ese mismo público no acabó de digerir la transformación de Hugh Hefner en una de sus conejitas Playboy o la de Capitán América con prótesis mamaria, cogiendo carrerilla sobre tacones de vértigo o poniéndose el liguero.

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Old bunny boy 1971-2010

Aunque tras la caricatura del superhéroe patriótico había un claro rechazo al imperialismo americano (las masacres seguían en Vietnam), y tras la feminización del magnate de Playboy una crítica directa a la reducción de la mujer a objeto sexual, lo que realmente molestó fue la puesta en duda del binarismo de género.

La censura le serviría a Harrison para ahondar en el tabú que rodeaba esta cuestión, pero habría que esperar dos décadas para que sus dibujos sobre la fluidez de género fueran releídos y reivindicados por la teoría queer.

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Homeworkers 1977

Mientras tanto, Margaret consideró otras estrategias para cambiar el status quo. Women and work (1973-75) fue un proyecto colaborativo con Mary Kelly y Kay Hunt, en el que se evidenció la brecha salarial entre hombres y mujeres a raíz de estudios de casos y entrevistas a trabajadoras de una fábrica de Bermondsey. Estadísticas, fotografías, documentos, collages… dispuestos en paneles minimalistas darían la pauta para una serie de trabajos que Harrison realizaría posteriormente sobre la explotación del trabajo a domicilio, la desvalorización de las labores artesanales y el consiguiente aumento de la prostitución, y más recientemente, sobre la violencia de género.margaret harrison - anonymous woman - le bastart

Este último tema es el que recoge Beautiful ugly violence (2004), donde dibujos de las herramientas del crimen se superponen a las declaraciones escritas de los agresores. Al dar voz a los victimarios, tenemos una visión contextual de cómo la perturbación psíquica crece en ciertos ambientes. El estudio sociológico convive con la interpretación subjetiva, lo personal con lo político, la representación icónica junto al documento confesional… Las obras más conceptuales de Harrison siguen incidiendo en el cuerpo pero sin mostrarlo.

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Allen Jones and The P.T.A. (Dolly Parton/Allen Jones “Table Sculpture”), 2010
Watercolor and graphite

Griselda Pollock instaba a las artistas a tratar el cuerpo de modo elíptico, sin representarlo, porque el cuerpo femenino está demasiado cargado de historia, producido y reproducido por los discursos de la publicidad y la cultura popular.

Así, volviendo a Margaret y a su intención de señalar las relaciones entre sexualidad y poder, mostrar a las víctimas violadas hubiera sido una simple paráfrasis al amarillismo televisivo, mero alimento mediático al voyeurismo morboso.

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I caught him in Park Lane. Woman on Hugh Hefner skin rug 1971

La violación ha sido y sigue siendo una arma de guerra, otro tema que atraviesa la obra de Harrisson, sea para oponer a la fiebre bélica del hombre el pacifismo beligerante de la mujer (véase su homenaje a las manifestaciones contra las armas nucleares en Greenham Common), sea para condenar el eterno retorno de la barbarie (Guernica/Aleppo 2018) .

Éste último es un tríptico realizado ex profeso para su exposición en la galería ADN de Barcelona, y que da sentido al título de la misma: “It hasn’t changed: and babies?”. Entre los escombros de dos ciudades, un Saturno goyesco devora a sus hijos. Las ansias de poder son autodestructivas. Si recordamos la genealogía griega de titanes según Hesíodo, tanto Urano como Cronos habrían sacrificado a toda su progenie (por miedo a perder su poder supremo) si no lo hubieran evitado sus esposas, Gea y Rea, madres por encima de todo.

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The golden Phallusy 2010

Desde antiguo, pues, la mente masculina se fue gangrenando con falsos valores sobre la competitividad, la gloria y la fuerza viril que los fue llevando a la desconfianza y la aniquilación mutua. En Tres Guineas, Virginia Woolf deduce que la única forma de desactivar el impulso bélico es educar a los hombres y a las mujeres fuera de un sistema patriarcal que, como el fascismo, se basa en privilegios (de un género, de una clase, de una raza).

Contra este sistema basado en privilegios ha trabajado Margaret Harrison durante décadas: mofándose con su dibujos del voyeurismo babeante, transgrediendo los cánones binarios con superhéroes que parecen haber tomado demasiados estrógenos y con empoderadas féminas a lo Eric Stanton (véase a Hugh Hefner convertido en alfombra de piel), versionando en clave underground obras de la historia del arte contemporáneo (una dominatrix clavando su tacón de aguja en una caja Brillo de Warhol, la cantante Dolly Parton comentando la mesa-mujer a cuatro patas de Allen Jones…), o investigando casos de flagrante abuso (laboral o doméstico).

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Marilyn is dead. 1994.

Harrison, siempre atenta a su entorno, ha ido plasmando las nuevas paradojas de la feminidad en la era de las celebrities, y también ha seguido cortando cabezas de los artistas-estrella de turno, como la de Marc Quinn, que en The Golden Phallusy (2010) mimetizándose con aquella escultura en oro macizo que el inglés hizo de Kate Moss despatarrada (Siren).

Entre el eco de las bombas en las ciudades destrozadas, entre la urdimbre de datos entrecruzándose en sus paneles conceptuales y la risa que no podemos contener ante sus dibujos…, hay una obra que por su silencio nos parece especialmente adecuada para terminar el recorrido. Marilyn is Dead (1994) nos muestra un rostro ajado y magullado, fiel a la fotografía de archivo forense de la que parte pero que, al trasladarse al lienzo, dignifica ese reverso de una fantasía sexual.

Anna Adell

margaret harrison - adn galeria - le bastart
Vista de la exposición en ADN Galería

 

 

Margaret Harrison. It Hasn’t Changed: And Babies?
en ADN Galería, Barcelona
hasta el 24 de noviembre 2018

 

 

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