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Cristina De Middel, el contraplano de una profesión

Se define a aquellas o aquellos que piden dinero a cambio de servicios sexuales como “prostitutas”, un estatuto ilegítimo o ilegal, mientras que los que pagan por el sexo son raramente diferenciados de la población masculina en general (Gail Pheterson, The prostitution prism)

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Gentleman’s Club, 2016, Cristina de Middel

Virginie Despentes, en Teoría King Kong, rescata este fragmento del libro de Pheterson para reflexionar sobre la construcción cultural de la feminidad mancillada. Los clientes constituyen una población variada (en extracción social, edad, motivaciones…), mientras que las putas se envasan con la misma etiqueta: la de víctimas.

Quizás esto último cabría matizarlo a raíz del despunte reciente de jóvenes que no se ocultan tras seudónimo y defienden la dignidad de su profesión: universitarias admiradoras de Annie Sprinkle  o chicas que simplemente reivindican vivir su vida, y lo hacen con mayor fortuna que el personaje de Anna Karina en la película de Godard. Pero claro, la prostitución progre no está al alcance de la mayoría.

En cualquier caso, en Gentleman’s Club Cristina De Middel no entra en ese debate sobre la autonomía versus estigma de la trabajadora sexual, sino que prende los focos sobre lo que generalmente se mantiene en la sombra, el cliente.

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Gentleman’s Club, 2016, Cristina de Middel

Este proyecto fotográfico ha sido seleccionado para exponerse en la sección In Focus de la muestra internacional Taylor Wessing Photographic Portrait Prize 2016 celebrada en la National Portrait Gallery de Londres.

De Middel adapta su lenguaje visual, su modo de narrar, a cada proyecto: flirtea con la fotografía callejera, con la fábula, con el fotograma fílmico… Se desmarcó del fotoperiodismo y sus mixtificaciones para explorar niveles de comprensión subyacentes a la realidad consensuada.

A menudo el detonante de sus pesquisas son figuras excéntricas con las que se sumerge en la idiosincrasia de un lugar, de una época…, burlando el etnocentrismo occidental y el engaño mediático: Ashok Aswani, el indio fascinado con Chaplin (The Perfect Man); los zambianos que en plena guerra fría quisieron no ser menos en la aventura espacial  (Afronautas)…

El barniz surreal le procura una visión subversiva de conflictos locales (las ballenas acosando los barrios de favelas en Río…), la ironía aliña sus comentarios sobre realidades paradójicas (el comunismo chino, las manufacturas en India…)

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Gentleman’s Club, 2016, Cristina de Middel

Gentleman’s Club carece del trasfondo mítico o lúdico de estas otras series, pues aquí lo que interesa es el retrato, sin más filtros que el del visor de la cámara. Ocurre en cuartos de hotel en Río de Janeiro. Son hombres seleccionados de entre los que contestaron al anuncio que Cristina publicó en un periódico local.

El trato es de equidad retributiva, la cantidad que reciben por dejarse fotografiar es la que ellos pagan por un servicio sexual. Lo mismo hizo Philip-Lorca Di Corcia con los chaperos de Hollywood, pero en el caso de Cristina la transacción hace del consumidor objeto de consumo, él se “hace público” a cambio de dinero, como públicas son las mujeres en este negocio.

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Gentleman’s Club, 2016, Cristina de Middel

Y esa inversión de roles adoba el terreno para el posterior trabajo de “contraplano”, el de los retratos. Los postigos entornados dejan zonas en penumbra, acentuando el aspecto desangelado del lugar y el tono clandestino del encuentro. Las sombras en ocasiones velan los rostros, pero las más de las veces se muestran, unos con expresiones infranqueables, otros más vulnerables…, unos cómodamente repantigados en la cama, otros de pie, tensos o pensativos, a menudo aparentemente ajenos a la cámara.

Despliegan un muestrario variopinto de una especie de mística de la masculinidad,  como la llamaba Despentes. Las fotografías se acompañan de breves notas tipo informe estadístico (edad, estado civil, profesión, frecuencia en el uso de servicios, coste del servicio).

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Gentleman’s Club, 2016, Cristina de Middel

Cristina muestra con suma sencillez una realidad, sin juzgar ni tomar partido. Lo que tiene en común con otros de sus trabajos fotográficos es la inmersión dentro de determinado ecosistema tratando de comprender su lógica interna, sin dar por sentado que va a lograrlo.

En general, la suya se nos antoja una visión de paralaje, optando por desplazarse hacia los márgenes, practicando el descentramiento, el cambio de posición constante, alejándose de la vieja Europa para escapar a los tópicos sobre lo ajeno, sobre la otredad.

Anna Adell

 

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Taylor Wessing Photographic Portrait Prize 2016, exposición

In Focus:  Cristina de Middel “Gentleman’s Club”

National Portrait Gallery, Londres

hasta el 26 de febrero 2017

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