La historia del arte occidental nos ha acostumbrado a consumir violencia a través del tamiz de la narración: heroísmo y apocalipsis, martirios y éxtasis religiosos, o cruentos asesinatos barnizados de leyenda mítica. La muerte y el dolor han sido sistemáticamente sublimados por la experiencia estética, transformando el sufrimiento ajeno en goce contemplativo. Es el refinamiento gore de nuestra cultura, que Artemio Narro desnuda en su serie pictórica Sangre. En ella confronta al espectador con el […]
